Me desvinculo del mar
cuando vienen las aguas a mi.
Salgamos siempre. Saboreemos
la cancion estupenda, la cancion dicha
por los labios inferiores del deseo.
Oh prodigiosa doncellez.
Pasa la brisa sin sal.
A lo lejos husmeo los tuetanos
oyendo el tanteo profundo, a la caza
de teclas de resaca.
Y si asi dieramos las narices
en el absurdo,
nos cubriremos con el oro de no tener nada,
y empollaremos el ala aun no nacida
de la noche, hermana
de esta ala huerfana del dia,
que a fuerza de ser una ya no es ala.